viernes, 19 de enero de 2018

El sonido del silencio.

¿Alguna vez has percibido el sonido del silencio? 
El silencio es algo que carece de sonido, te responderás. Pero déjame contarte cuán equivocado estás.
¿Nunca has sentido palpitar sus casi imperceptibles notas, ondeando eléctrica y suavemente alrededor de tu cuerpo, como cuál presencia invisible pero a la vez sutilmente palpable? 
¿Nunca lo has sentido aletear como un inquieto pájaro que acecha sobre tus oídos? Porque desde mi punto de vista, existen muchos tipos de silencios. Algunos pueden ser difíciles de discernir pero puedes apreciarlos si prestas la atención adecuada.
Es como cuando coges una concha de mar e intentas alejarte de cualquier molesto sonido que pueda perturbar tu percepción, de forma que estás prestando atención hacia el sonido del objeto. Cierras los ojos dejando en blanco tu mente, la acercas a tu oído y escuchas atentamente, esperando recibir alguna sutil nota. Su sonido es tan silencioso que casi pasa por imaginario, por algo que muchos creen que es ficticio, ilusorio. Y aunque muchas veces te hayas preguntado si es posible recibir esa resonancia a través de una vacía cáscara, su sonido está ahí, existe. Solo tienes que sentirlo, solo tienes que prestar la atención adecuada.
He conocido el incómodo silencio que se encuentra en unos labios sellados que no susurran una sola palabra ni dejan entrever ningún cálido suspiro.
He batallado junto al silencio que se encuentra en una noche vacía y solitaria donde la luna pasa por inexistente y las estrellas, a lo lejos, se estremecen brillantes y silenciosamente, debatiéndose en la inmensidad del universo.
He tropezado con un silencio simple, aquel que sientes cuando todo sonido dormita en otros mundos paralelos.
Como ves, he conocido muchos tipos de silencios, se hicieron eco en mi interior y se fusionaron componiendo una canción que se instaló en mi corazón, y aquella música de la que anteriormente no escuchaba su letra porque no prestaba la atención adecuada, recorrió los más recónditos rincones de mi interior impregnándome de su esencia, desgranando sus notas lenta y suavemente en aquella oscuridad inusual, salpicándome cálidamente con sus misterios, embriagándome con ellos. Ya sabes que la voz del silencioso mundo existe, que aletea como un pájaro invisible cerca de ti, y para sumergirte en su canción, solo tienes que prestar la atención adecuada.

Y así, cerrando los ojos y prestando atención a todo aquello que me rodeaba, comprendí que no sólo era mi magia; era el fuego en mi invierno, el baile de primavera, era la lluvia cayendo, los rayos del sol en la sonrisa de su cara. 
No sólo adoro su sonido. Amo la música de su silencio.

jueves, 11 de enero de 2018

Soplo de amor.

La noche finalizó con un paisaje extraño, aquel manto se fundía con el mal augurio que se cernía sobre nuestro hogar. 
El cielo era un tétrico lienzo que representaba el más puro significado de la absoluta oscuridad. No había estrellas. No había nada. Ni siquiera la luna formaba parte de él, como si no quisiera ser testigo de lo que iba a acontecer.
De pronto, un sonido atravesó mi ventana salvándome de mi estado de inconsciencia. Era la lluvia, y su irregular golpeteo, fue justo lo que necesitaba para poder abrir la atrancada puerta que me encadenaba a mis negros pensamientos y escapar de ellos. ¡Huir!. Huir al ver que incluso el cielo lloraba.
El anterior mal augurio, me hizo comprender que era el momento, y, armada de un valor desconocido en mí, tomé su gélida mano entre el temblor de las mías. La besé, la acaricié con suavidad mientras las lágrimas corrían a sus anchas por mi cara. Le miré profundamente, contemplé aquellos ojos negros en los que me sumergía como en un pozo sin fondo cada vez que le miraba. 
Faltaba poco, muy poco para que todo terminara para siempre.
Sentía cómo su mirada perdía la luz que siempre transmitía, como su cuerpo estaba agotado y muerto en vida, como sus palabras eran pronunciadas de una manera que me mataba el corazón cada vez que lo hacía. Eran palabras sin vida. Era un poema desprovisto de cadencia. Era una música sin compás, sin letra. 
Pero debía fingir estar bien cuando por dentro moría de dolor, sonreír cuando tenía ganas de llorar, reír cuando en realidad me gustaría gritar, ver oscuridad aun estando rodeada de luz, moverme cuando encogido está el corazón, ¡escapar! Escapar de este lugar sin más, volar, desaparecer o tal vez despertar y descubrir que todo ha sido irreal, pero sabes que eso jamás ocurrirá. Y afrontas la realidad como un golpe más.
—Te quiero —son las palabras que pude pronunciar con la voz rota, no era capaz de expresar nada más, pues estaba muriendo de dolor por dentro. Como si una lanza envenenada hubiera perforado mi alma con la más brutal de las fuerzas.
—Siempre serás mi vida, esté donde vaya a estar, princesa —me prometió.
Me encantaba cuando me llamaba princesa. 
Volvió a dirigirme su penetrante mirada negra, esta vez llena de amor, mientras acariciaba mi cara a la vez que, con sus ya frágiles manos, limpiaba mis descontroladas lágrimas.
—Estaré siempre contigo, en tu corazón, sea donde sea el lugar en el que estés. Yo estaré amándote, cuidándote, velándote. Nunca lo olvides, mi vida.
Volví a mirar sus ojos azabaches por última vez, mientras mi corazón lloraba, encogido, roto de dolor en el interior de mi pecho vacío.
—Tu sonrisa es lo más bonito que existe en este mundo, por favor, nunca dejes de sonreír —me imploró mientras me miraba enternecidamente antes de marchar para siempre.
Accedí a su último deseo y, con sumo esfuerzo, una pequeña pero cálida sonrisa, escapó por la comisura de mis labios, aunque mis ojos, mi alma y mi corazón seguían amargamente llorando.
Me miró, suspiró y mientras tanto, sentí que moría de amor.
Su melódica voz se apagó para siempre, me abracé fuertemente a su pecho mientras que su corazón dio el último soplo, su último soplo de amor mientras el mío se retorcía en el más horrible de los dolores.
Y entonces supe que jamás volvería a mirar aquellos ojos tan negros como la oscuridad de la misma noche, lugar donde se perdió mi etéreo rugido impregnado de dolor.

Fdo: tu princesa.

martes, 2 de enero de 2018

Volver a verte.

Sueño que algún día volveré a verte.
Desconozco en qué lugar ocurrirá nuestro encuentro, en qué circunstancia o estación nos encontraremos. 
Quizá bajo el sol abrasador del verano, tal vez bajo la suave caricia de una fresca brisa y los colores de la primavera dibujados sobre las flores, con el crujir de las hojas de otoño bailando a nuestro alrededor mecidas por el viento o en la más oscura noche de un frío y gris invierno. 
No dejo de imaginar ese momento, nuestro momento. Porque me gusta tu presencia en mis sueños, me gusta soñar que algún día volveré a verte y cuando lo haga, el cielo será mío entonces. Reiré con el corazón embriagado de felicidad, aullando versos, latiendo desbocado y bailando en el interior de mi pecho.
Por ello padre, he creado un mundo donde mis ojos pueden volver a verte. 
Es tan feliz como un vino dulce en mis labios, como resplandeciente luna en el oscuro cielo, como el bello canto de un pájaro, como hoguera en invierno, como brisa en verano.

Nos vemos, en el lugar donde los sueños pueden dejar de serlo.