sábado, 5 de mayo de 2018

Iniciativa seamos seguidores II

¡Hola, amigos ! Hoy publico nuevamente la entrada de la iniciativa debido a que la primera ha quedado llena de comentarios. Para los que no lo sepáis, la iniciativa se llama "Seamos seguidores", es una muy buena forma de conocer más blogs y apoyarnos entre nosotros. Consiste en seguir el blog y dejar el enlace del vuestro en un comentario en esta entrada y yo también os sigo. 
Después, (si queréis) ponéis esta imagen y explicación en una entrada en vuestro blog para que otros bloggers os sigan y vosotros los sigáis a los que os comenten. 

¡Así de fácil!


También os comento que, como veréis en una imagen en el lateral izquierdo, también participo en "Tu me comentas, yo te comento" es decir, siempre leo vuestros comentarios y comento en vuestros blogs. 

¿Os animáis? :) 






viernes, 27 de abril de 2018

El sonido de su risa


Aquel sonido, aquella risa… De pronto mi mundo perdió todo su equilibrio. 
Aquella música me atravesó como un puñal de acero, haciendo que oscilara a causa de su impacto. Era tal la colisión provocada, que no deseaba nada más que volver a sentirla, volver a percibir las notas que conformaban el sonido de su risa. Porque cada vez sonreía, su sonrisa provocaba la mía, como si fuera el reflejo de un espejo.
Toda ella me fascinaba: su voz, sus gestos, sus elegantes y ágiles movimientos. Era como el aire que respiraba, si me alejaba de ella podría morir en el intento de alejarme de lo que me mantenía vivo, cuerdo. Pero por más que intentara alejarme, había un sentir que se negaba a irse. Un solo segundo a su lado bastaría para soportar mi eternidad.
También tuve la bendición de poder contemplarla desde diversos ángulos posibles. Bajo la luz del sol, bajo el brillo de la luna. Y me di cuenta, al observarla, de que aquellos profundos ojos pardos tomaban una preciosa tonalidad amarilla cuando se encontraban bajo cierto ángulo mientras la luz del sol bañaba su rostro. De que se tocaba el pelo cuando se encontraba nerviosa o agitada. Y también me di cuenta de que, aquel hoyito que pasaba casi desapercibido en su barbilla, se acentuaba cada vez que sonreía.
«Dios mío… ¡Es tan bella!», pensaba cada vez que mis ojos se perdían entre aquella angelical belleza. Y entonces sentía de nuevo aquel miedo ante lo que estaba sintiendo. Nunca me había ocurrido eso, semejantes sensaciones manifestándose en mi interior como un torbellino que hacía vibrar cada rincón de mí y del cual me encontraba preso. Tambaleaba mi ser, desequilibrando mi mundo interno.
Decidí zambullirme en cada uno de los sentimientos que me causaba. Solo conocía un breve fulgor que escapaba por las rendijas de las puertas, donde escondía cada uno de mis secretos sentimientos. Abrí la puerta y, con miedo, me sumergí en ellos. Y lo que vi, me asustó por completo. Estar cerca de ella es como un cielo en mitad de las ruinas de mi propio infierno. Como agua en un desierto, como pan que anhela el hambriento, como la luna, tan visible y tan lejana, perdida en la infinidad del cielo.

Para explicarme mejor podría decir que hay momentos en la vida que lo cambian todo. Instantes capaces de hacer que en un solo segundo tu destino cambie radicalmente de rumbo haciendo que en tu brújula, el sur se convierta en norte. Ese instante nació ante mí, apareció ante mis ojos porque ella fue su detonante. Antes de su llegada, yo era como una veleta reposada en un lugar fijo, eterno. No había norte ni sur, pues no existía un solo sendero, pero llegó ella, y, de pronto, apareció un camino que cambió mi mundo y su sentido por completo.
Las agujas del reloj parecían avanzar de nuevo, al igual que los latidos en mi pecho.
Y entonces supe que tenía dos opciones: luchar con el objetivo de ganar, o huir y hacerlo para siempre.
Y en ese momento decidí huir. Pero no de allí, sino de mí misma, de mis sentimientos. Huir de mí para encontrarme, encerrar mis sentimientos bajo llave y esconderla en el más oscuro e inaccesible lugar donde jamás pudiera acceder nadie.


jueves, 22 de marzo de 2018

El poder de la mente


El poder de la mente

No deseaba pensarle y, cuando lo hacía, de un modo involuntario, me preguntaba por qué lo estaba haciendo.
No quería imaginar nada, no quería darle rienda suelta a mi imaginación y alimentarla, pero el control se me escapaba por momentos, huyendo de mis manos, resbalando como el agua entre mis dedos. Y mi mente volvía a quedar presa del desconsuelo mientras mi imaginación quedaba desbocada a los delirios, desenfrenada e incontrolable como un fuego en un paraje seco.
Y es irónico, porque si  de algo podemos tener el control es de nosotros mismos y de nuestros actos. Ahí es donde reside el poder de nuestra mente.
¿Crees en ese tipo de poder?
¿Será cierto que cuando crees en algo con mucha intensidad, sucede de verdad?
El poder del pensamiento, algo tan sencillo como complejo al mismo tiempo. Un poder que te permite ser capaz de recordar, de navegar en el tiempo, de imaginar, de congelar y revivir cada momento. De mezclar pasado, presente, futuro y la fantasía de lo incierto. Y entre todo ese caótico y maravilloso caos interno, están las diversas estancias de la mente. Suena a completa locura, ¿verdad? Pero si te detienes a pensarlo descubrirás que es cierto y que en ellas guardamos o escondemos nuestros más profundos secretos, aquellos que nos conforman, aquellos que se encargan de dar forma a nuestra esencia, a nuestra alma.
Entre ellas podemos encontrar la morada del dolor: una especie de disco duro interior donde guardaremos todo aquello que al recordar, nos hace daño.
La estancia del olvido o también conocida como la de la amnesia, donde permanecerán guardados nuestros pensamientos o recuerdos que preferimos olvidar o dejar de lado durante un período de tiempo.
La alcoba de la felicidad: donde residirán siempre nuestros más preciados, bonitos, inolvidables y maravillosos recuerdos y sueños.
Y quizá el aposento de la muerte: el lugar donde llevaremos a matar, hablando metafóricamente, todo aquello que al revivirlo, nos mata interiormente.
Y así sucesivamente, un espacio para cada sentimiento, pensamiento, recuerdo, temor o emoción que habitan en nuestro interior dándonos personalidad y forma. Y solo nosotros tenemos en nuestro poder la llave de cada puerta, la llave que nos conducirá a revivir cada reminiscencia.
Seguramente ahora mismo te estarás preguntando a cuento de qué viene todo esto. La explicación es remotamente sencilla: a pesar de tener esa llave imaginaria en mi poder, él y solo él, había tomado el control de mi universo paralelo, de mi mundo interno por completo. Sólo por momentos volvía a poseer el dominio de mí misma, de mis más secretos deseos. Intentaba ir almacenándolos en la estancia asignada para cada uno de ellos pero de pronto…
Me encontraba perdida en la profundidad de su mirada, no sólo porque el color de sus ojos me encantaba. Eran mi efecto café. Café que te quita el sueño, que produce desvaríos y desvelos. Nuestros cuerpos moviéndose al unísono como si fuéramos uno solo. Nuestras respiraciones acompasadas deslizándose al mismo tiempo. Su cabello resbalando suavemente entre mis dedos, sus ojos cerrados disfrutando de mi tacto, sus suspiros contenidos, aquellos labios donde habitaba el mismo cielo, su sonrisa, sus lunares, sus hoyuelos…
¿A que sabrán sus labios?
¿Cómo serán sus besos?
¿Cómo será su tacto?
¿A qué olerá su cuerpo?

Y allí estaba. Perdida entre aquellos pensamientos a los que solo yo tenía acceso.

lunes, 19 de febrero de 2018

El mundo de los sueños


No existe palabra exacta que pueda describir lo que siento, al igual que no existe escala que me permita situar en un punto concreto el nivel de mis sentimientos. 
Ojalá pudiera verse a través de mis ojos o leerse a través de mi mente. 
Me encantaría decirle que la adoro como es, con cada preciosa curva, cada hoyuelo, cada línea de su silueta, cada pequeño lunar que la conforma. 
Confesarle que no hay mejor música que la producida por su voz ni mejor melodía que el sonido de su risa. 
Decirle que no hay vista más bella que el pardo de sus ojos, que mi mejor refugio sería la guarida formada por sus brazos y que la cama donde hallar mejor descanso sería la de su pecho; que adoro el paisaje, único y precioso, que dibuja su cuerpo. Que daría lo imposible por trazar en su espalda el mapa de mis más secretos sueños.
Pero no puedo evitarlo y, como impulsado por un resorte magnético, al lugar donde se encuentra, me acerco, aprovecho la magia y la belleza que esconde la noche para contemplarla en su sueño haciendo que mi corazón cante en los adentros de mi pecho. 
Ahí está, en su lecho, con la calma que precede un bello sueño y con una pequeña sonrisa dibujada sobre su rostro y acentuando sus hoyuelos.
Existe un lugar secreto en el que nadie me puede separar de ti, en ese lugar te pertenezco, en mis pensamientos, en mis sueños. Los dos únicos mundos donde puedo amarte sin barreras ni ningún impedimento.
Es la hora. Ha llegado el momento que más anhelo cuando el día termina y la luna nos alumbra desde el cielo. Es el momento de los sueños. ¿Dónde quieres viajar? Yo puedo llevarte al fin del mundo, puedo conducirte hasta el lugar donde nacen y habitan las estrellas o al paraje más simple del planeta, si así lo deseas.
 Vamos a estar juntos mientras dure la noche en nuestro mundo secreto: en el mundo de los sueños. Un mundo donde puedo abrir los ojos y tenerte enfrente, fundirnos en un beso que haga que el planeta tiemble.
Si tardas en encontrarme, no te preocupes, es nuestro sueño y puedes construir el camino que desees. Deambula por el sendero marcado por tus pasos sin ir en busca de nada, simplemente camina fusionándote con el tiempo que de una manecilla a otra se traslada, mientras a su vez la vida de largo pasa y la noche y los sueños acaban.
De pronto, en medio del camino, una luz hallas.
No la buscabas pero llegó a ti, se llama felicidad y está esperándote en medio de la nada. Antes era como una estrella: luminosa, visible pero inalcanzable y tan lejana. Y ahora está frente a ti dispuesta a acunarte con sus alas si escoges el camino en que ella anda.
Lo sabes, tu corazón ha hablado y con latidos se ha expresado pronunciando un nombre. Ya casi estás llegando.

Yo estaré ahí, al final de ese camino, esperándote.


Quizá me encuentres sentado en un banco, con una rosa roja en la mano o, tal vez, sobre un lienzo dibujándote.

jueves, 1 de febrero de 2018

Oda al cielo

Feliz cumpleaños papá, ojalá allá donde estés puedas leer esto.
No sé cómo empezar, la lágrimas nublan mi visión, surcan por mi cara sin control cuando te pienso. 
Con qué dificultad acuden a mis labios las palabras cuando más las necesito, me recuerdan al aleteo de un ave que se pierde volando a ras del cielo. Aparecen con el sigilo de un gato, pero desaparecen como la sombra en medio de la oscuridad en mi eterno letargo.
Recuerdo cuando te acercabas a mi lado, tomabas una de mis manos entre la calidez de las tuyas para plasmar un beso en ellas y acariciabas mi cabello en la mañana, antes de marcharte como un rayo en el cielo.
A veces contemplo la oscuridad de la noche desde mi ventana, miro al cielo, a las estrellas y me pregunto donde estarás ahora.  
Recuerdo cada instante, cada caricia, cada sonrisa, cada momento.
El tiempo pasa, la niebla es densa, la herida duele y la vida, por momentos pesa.
Y mientras tanto voy recorriendo mis propias estaciones.
Primero me pierdo en mi otoño, donde marchito como las flores. Las lágrimas caen al vacío y se marchan, como marchan las hojas caídas mecidas por el viento, dejando el alma desnuda y al descubierto. Por ello, siento más que nunca la llegada del invierno. La fría brisa me recorre por completo, navegando por el mapa de mi cuerpo. Un cuerpo helado como un témpano de hielo. Pero sé que llegará la primavera y, como si un baile de colores fuera, florecerán los sentimientos, resurgiendo de su fría oscuridad de nuevo. Y un día llegará el verano, disfrutaré de la calidez de los rayos del sol sobre mis pétalos, iluminándolos, haciéndolos brillar de nuevo. 
Supongo que es el proceso; un proceso agónico, eterno.
Y aunque decirte esto pueda resultar inverosímil, a veces recuerdo el aroma de tu perfume tan perfectamente invocado que en vez de ser un simple recuerdo es como si realmente estuvieras aquí, a mi lado.
Será porque te extraño porque mi corazón anhela tu voz que cuando era pronunciada por tus labios se convertía en un bello canto.
Cuando llega la oscuridad vienes a mí como el cielo a un pájaro y veo tus alas saliendo a mi paso. Te estaré esperando como cada noche perdida en el abismo de este ocaso. Acúname entre ellas, déjame perderme en la calidez de tus abrazos. 
Siempre te aguardo, en el único lugar donde todo es posible, donde no existe lo incierto. Donde cada noche acudo, allí es donde te espero: en el lugar donde te tengo, en el lugar los sueños pueden dejar de serlo.

jueves, 25 de enero de 2018

Magia

Aquella noche no dejé de pensar en sus palabras, en su cercanía y en lo que ésta me inspiraba. Los minutos se esfumaban, deslizándose junto al tiempo que pasaba, deshaciéndose para no volver, volando y escapando de mí. 
Su voz sonando como música; una música que jamás me cansaba de escuchar. 
Podría decir que su presencia es como una hoguera en el más crudo invierno. 
Sientes mucho frío y no hay nada que te abrigue y te proteja de él, porque el frío no está fuera, ni en tu cuerpo, sino en lo más hondo de ti. Encuentras dicha hoguera, el fuego te resulta atractivo, el arder de las llamas y sus encandiladas formas te hechizan y su crepitar te invita a ir y si te acercas, quedas bajo el amparo de aquellos brazos que te abrigan del frío y te sientes mecido por la gravedad como en un sueño.
O quizá tienes el corazón roto, devastado y lleno de heridas. Las heridas dejan cicatrices y ellas nos recuerdan las guerras que hemos librado en nuestro interior. Pero a veces la herida se abre doliendo de nuevo y necesita ser curada, ser sellada con un beso. Y, de pronto, cuando menos lo esperas, cuando tu herida se está desangrando, llega una canción que se instala en tu corazón, acunándolo entre sus notas de fuego.
Sí, así es su mágica presencia. Un cálido beso curativo y el abrigo del fuego en un crudo invierno. 


Ella ha hecho que crea que lo imposible es incierto, me ha enseñado como derrumbar las barreras entre la realidad y los sueños. 
Si no está, el mundo no tiene sentido y es como una noche sin luna, como una canción sin música, como un poema desprovisto de palabras. 
¿No lo comprendes? 
Ella es mi vida, ella es mi magia.

viernes, 19 de enero de 2018

El sonido del silencio.

¿Alguna vez has percibido el sonido del silencio? 
El silencio es algo que carece de sonido, te responderás. Pero déjame contarte cuán equivocado estás.
¿Nunca has sentido palpitar sus casi imperceptibles notas, ondeando eléctrica y suavemente alrededor de tu cuerpo, como cuál presencia invisible pero a la vez sutilmente palpable? 
¿Nunca lo has sentido aletear como un inquieto pájaro que acecha sobre tus oídos? Porque desde mi punto de vista, existen muchos tipos de silencios. Algunos pueden ser difíciles de discernir pero puedes apreciarlos si prestas la atención adecuada.
Es como cuando coges una concha de mar e intentas alejarte de cualquier molesto sonido que pueda perturbar tu percepción, de forma que estás prestando atención hacia el sonido del objeto. Cierras los ojos dejando en blanco tu mente, la acercas a tu oído y escuchas atentamente, esperando recibir alguna sutil nota. Su sonido es tan silencioso que casi pasa por imaginario, por algo que muchos creen que es ficticio, ilusorio. Y aunque muchas veces te hayas preguntado si es posible recibir esa resonancia a través de una vacía cáscara, su sonido está ahí, existe. Solo tienes que sentirlo, solo tienes que prestar la atención adecuada.
He conocido el incómodo silencio que se encuentra en unos labios sellados que no susurran una sola palabra ni dejan entrever ningún cálido suspiro.
He batallado junto al silencio que se encuentra en una noche vacía y solitaria donde la luna pasa por inexistente y las estrellas, a lo lejos, se estremecen brillantes y silenciosamente, debatiéndose en la inmensidad del universo.
He tropezado con un silencio simple, aquel que sientes cuando todo sonido dormita en otros mundos paralelos.
Como ves, he conocido muchos tipos de silencios, se hicieron eco en mi interior y se fusionaron componiendo una canción que se instaló en mi corazón, y aquella música de la que anteriormente no escuchaba su letra porque no prestaba la atención adecuada, recorrió los más recónditos rincones de mi interior impregnándome de su esencia, desgranando sus notas lenta y suavemente en aquella oscuridad inusual, salpicándome cálidamente con sus misterios, embriagándome con ellos. Ya sabes que la voz del silencioso mundo existe, que aletea como un pájaro invisible cerca de ti, y para sumergirte en su canción, solo tienes que prestar la atención adecuada.

Y así, cerrando los ojos y prestando atención a todo aquello que me rodeaba, comprendí que no sólo era mi magia; era el fuego en mi invierno, el baile de primavera, era la lluvia cayendo, los rayos del sol en la sonrisa de su cara. 
No sólo adoro su sonido. Amo la música de su silencio.